Bodegón “Bellagamba” (Av. Rivadavia 2138)

“Este es un lugar con historia”, advierte el cartelito cerca de la entrada.

Nació como rotisería en medio de un conventillo de la zona de Congreso, allá en el 1900, y hoy es el bodegón más conocido del barrio de Balvanera. Fue el sueño, hecho realidad, de uno de los tantos inmigrantes italianos que llegaron a nuestro país envueltos en deseos de prosperidad. Grandes personalidades de nuestra historia pasaron por allí: Tita Merello y Alicia Moreau de Justo eran habitué del lugar y Lisandro de la Torre y Alfredo Palacios lo visitaban al salir del Parlamento.

Hoy, Bellagamba es más que un bodegón donde conseguir comidas baratas: es un rincón de Buenos Aires colmado de viejas fotografías, prolijamente enmarcadas; de publicidades estampadas en chapas; de tulipas, de botellas y botellones colgados del techo, convertidos en insólitas lámparas; de pisos en desnivel; de antiguos asientos fileteados; de luces rojas que simulan un cabaret y de murmullos que se mezclan con los más variados géneros musicales. Por si eso fuera poco, un antiguo piano pintado de negro y una red de lucecitas navideñas colgadas del ventanal encendidas durante todo el año, ponen el broche de oro a tanto adorno visual.

El autoservicio es el pilar para su funcionamiento. Habrá que conseguir una de las tantas bandejas de madera que ofrece el lugar, retirar el cuchillo y el tenedor de dos pequeños toneles, asegurarse un vaso de vidrio y una bebida y dirigirse al final del local donde las más variadas preparaciones, todas caseras y frescas, esperan por sus comensales. Bandejitas plásticas o de cartón cargan el manjar y van directo a cualquiera de los microondas ubicados en la pared. Si el menú no lo requiere, bastará con servirlo en un plato de vidrio marrón. Sólo restará pasar por caja y elegir una mesa. Y en Bellagamba hay varios modelos para escoger: para aquellos que gustan de la comodidad, nada mejor que desparramarse en los enormes bancos negros de madera, con hojas verdes y flores rosas fileteadas en su cara lateral. También, se pueden elegir las mesas negras, de patas torneadas y las sillas pasadas de moda o los antiguos esqueletos de máquinas de coser convertidos en mesas, con las banquetas ubicadas junto a la ventana principal del salón.

Morada de bohemios y de nostálgicos, parada obligada de jóvenes noctámbulos, comedor de gente humilde y de señores bien trajeados, punto de reunión de amigos y de encuentro de estudiantes, este antiquísimo bodegón que nunca cierra resiste el paso del siglo sobre la remodelada Avenida Rivadavia, pero con el orgullo de exhibir su propio pasado.

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