Almacén y Restaurante “Suipacha” (Suipacha 425)

A escasos metros del emblemático Obelisco de Buenos Aires, la nostalgia porteña renace entre las paredes de la antigua “Confitería Suipacha”. Este viejo refugio de tangueros, vedettes e intelectuales, ahora reabrió sus puertas como almacén y restaurante.

En su interior, reinan el buen gusto y la creatividad en la decoración así como la calidez en la atención. Pero si nos dejamos llevar por los ojos, inmediatamente tendremos la sensación de entrar en una gran fábrica de recuerdos. Allí, los artefactos y objetos en desuso del “tiempo de ñaupa” transforman cada rincón del restaurante en un retorno al pasado. No falta nada: las viejas botellas de vidrio para la leche, la balanza, la estufa a kerosene, la cortadora de fiambre, las inconfundibles latas deMaizena, Quacker y Royal y otras tantas reliquias se mezclan con el rostro del Che y con la guapeza y la eterna sonrisa de Carlos Gardel.

Para los amantes de las degustaciones, el bar de vinos invita a saborear la gran variedad de bebidas exhibidas entre chapas de patentes de automóviles y fotografías de otras épocas. Rodeado de antiguas publicidades colgadas de las paredes que, seguramente, a más de un memorioso le harán “piantar un lagrimón”, el salón comedor, en desnivel, sobriamente decorado e iluminado en forma natural, invita a probar las exquisiteces culinarias, siempre con la compañía de dos inmóviles tangueros que simulan dedicarnos los compases de sus bandoneones. Por las noches, todo cambia: músicos y bailarines de carne y hueso son quienes se encargan de maravillarnos al ritmo del 2 x 4.

Como despedida, bien vale la pena echar un vistazo al almacén que funciona sobre nuestras cabezas. Sí! Allá arriba, donde las paredes encuentran su fin, una exacta representación de los “almacenes de antes” nos transporta a la niñez: bolsas de harina, jamones, yerba, cajones con bebidas, salames, ajos y una gran variedad de productos comparten un mínimo espacio con dos almaceneros que, evidentemente, no sufren del mal de altura, al igual que su gato bicolor, siempre a punto de caer.

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